La
gran cantidad de esclavos africanos de diversas tribus y
nacionalidades que llegaron a Cuba durante toda la época colonial trajeron consigo su religión, sus tradiciones, su
propia música. A pesar del esfuerzo que realizaban los amos por
convertir en animales de trabajo a aquellos hombres negros, esa
cultura y esas tradiciones sobrevivieron al látigo, al cepo y a
la separación de las familias.
La
más alta personalidad de la música afrocubana en Cuba es Lázaro Ross.
Nacido
en La Habana, en 1925, se consagró al canto desde la
adolescencia, su fervor y la profundidad de su interpretación
hacen de él, un personaje reconocido en Cuba y en el mundo
entero. Fundó en 1962 el Conjunto Folklórico Nacional de Cuba,
exitosa reunión de músicos, bailarines y musicólogos que perpetúan
y desarrollan las tradiciones cubanas alimentadas por África. Su talento los ha conducido a los mejores escenarios de
Europa, África, América Latina y los Estados Unidos.
El rigor y la pureza del camino de Lázaro Ros, no le quitan el
derecho de inyectar el modernismo en la tradición; su recorrido musical
lo condujo a trabajar con los grupos cubanos Síntesis y Mezcla,
en los cuales su voz se une armoniosamente a los modernos
instrumentos de esas agrupaciones; Ross ha trabajado también con
el pianista de jazz Gonzalo Rubalcaba, y el guitarrista de latin
rock Carlos Santana, quien es unos de sus mejores amigos.
En la actualidad su grupo Olorún, fundado en 1992, continúa
desarrollando el trabajo emprendido por Ross desde hace muchos
años. No es necesario ser religioso o etnomusicólogo para sentir
la intensa y rara emoción que procede de la voz de este hombre
verdadero, lleno de una palpable humanidad, que trasciende las
culturas para llegar a lo universal.
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