La
Rumba tuvo su origen en Cuba, en las incipientes comunidades
urbanas de fines del siglo XIX. Los ciudadanos negros recién
liberados oficialmente de la esclavitud se agrupaban en torno a
las ciudades en busca de una mejor manera de ganarse la vida, y
para alegrar los ratos de ocio, se reunían a hacer música con
instrumentos informales como cajones, cucharas o sartenes; era una
fiesta informal que podía llevarse a cabo en casi cualquier
lugar, en la sala, en los pasillos o en el patio.
Poco
a poco la instrumentación se fue estandarizando hasta llegar a un
conjunto de tres tambores, en los cuales los más graves llamados
Tumba y Llamador, forman una base rítmica al Quinto, el más
agudo de los tres, y que lleva la tarea de solista y acompañante
de la coreografía; complementan el conjunto rumbero las
imprescindibles claves y un ejecutante que percute un ritmo
constante llamado cáscara. La Rumba comienza siempre con la Diana,
un canto melódico sin acompañamiento, al cual sigue la entrada
de todos los instrumentos y los bailadores en un momento que se
conoce coloquialmente como Romper la Rumba; de ahí en adelante se
intercalan secciones instrumentales cantadas por un solista al que
un coro responde con un estribillo repetido.
La
modalidad de la Rumba que ha tenido mayor difusión es el guaguancó,
la cual a un tiempo medio, acompaña un baile que simula un
cortejo de pareja, un juego de acercamiento y distanciamiento, que
alcanza su punto más característico en un movimiento pélvico
llamado vacunao conque el hombre intenta poseer simbólicamente a
su compañera de baile.
En
la actualidad, la Rumba subsiste como un elemento folclórico muy
importante en Cuba. Sin embargo, su trascendencia para la escena
musical actual, reside en el hecho que muchos de sus elementos
musicales y coreográficos han sido adoptados por los grupos de
salsa y son y con ello lo han proyectado hacia la música popular
universal, para que podamos disfrutar de la riqueza rítmica de
este género afrocubano.
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