La Trova nació en Santiago de Cuba, surgió de músicos
bohemios que, guitarra al hombro, recorrían la ciudad
buscando interpretar sus canciones en cualquier bar o en
una plaza. Se considera al santiaguero Pepe Sánchez como
el padre de este género conocido en el mundo entero;
luego, Sindo Garay se encargó de hacer famosa a la trova
cubana con sus peculiares composiciones.
 Pero,
sin dudas, fue la Nueva Trova uno de los hechos más
trascendentales en la
vida cultural cubana; surgió en la segunda mitad de la década de 1960, consecuencia inmediata del
triunfo revolucionario de
1959; fue la voz de un canto
joven que se abrió para acompañar
las profundas
transformaciones que
tenían lugar
en el país, en sus hombres y mujeres. Sus iniciadores, aún
antes de conocerse, gestaron
canciones que presentaron múltiples puntos de contacto en
su contenido y en la forma en que
los temas
eran tratados. Antes
de arribar a 1970 comenzaba ya a extenderse por todo el territorio
un gran canto, hecho de guitarra y poesía, portador de la fe en
una vida nueva que también iniciaba.
La Nueva Trova Cubana ha dado grandes músicos, pero más que
eso, ha ido generando a lo largo de su recorrido muestras de que
la sencillez y la altura no son cualidades incompatibles en este
deteriorado mundo; ha logrado que la guitarra levante su mano y
nos hable, con la riqueza de las palabras, con el olor maravilloso
de la madera desgranando acordes, en fin, solo basta escuchar y no
solamente oír a músicos como Silvio, Pablo, Vicente y Santiago
Feliú, Carlos Varela y Amaury Pérez, entre otros.
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