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por Deny Extremera San Martín
De
muy hondo le viene la música al cubano, de muy adentro le llegan el
ritmo, la cadencia, el talento para asimilar en gestos, contorsiones
y notas la maravilla que encierra un pentagrama; en
Cuba la música se esparce como el aire. Como el aire, quien viene a
la isla la respira y queda impregnado de ella. Todo sirve al cubano
para hacer música; el secreto: siglos de mestizaje cultural, mezcla
de culturas musicales que hallaron nuevos caminos en el panorama
insular.
El
colonizador español cortó de raíz la tradición de nuestros
primeros habitantes. Ya las naves en que arribaron Cristóbal Colón
y su expedición eran un muestrario cultural de la diversa España
de entonces. África, cuyo influjo cubriría la isla con el arribo de
miles de esclavos, era también un mosaico de pueblos y tradiciones
musicales. Así, en Cuba convivieron e interactuaron desde el
temprano siglo XVI romances, puntos, zapateos, tonadillas y ritmos
congos, yorubas, carabalíes, arará, a la par de los cantos
religiosos de ambas corrientes. En 1879, Miguel Faílde crea el
primer danzón (Las alturas de Simpson), hasta bien entrado el siglo
XX el baile nacional de Cuba, en cuyas letras se reflejaban sucesos
importantes, desde el advenimiento de la república hasta la Segunda
Guerra Mundial, pasando por amoríos e historias humanas. El
guaguancó también nace con esta centuria. La trova tradicional,
guitarra en mano, es cultivada por figuras como Sindo Garay, Manuel
Corona, Rosendo Ruiz y María Teresa Vera, que dan forma a temas
como Perla Marina y Longina.
Y
llegó entonces, maduro de siglos, desde el oriente cubano, el son:
Marímbulas, bongoes, timbales criollos, cencerros, contrabajo. El
son era revelación, tenía un enorme potencial de improvisación y
renovación, podía alargarse y complicarse hasta el cansancio de
los bailadores, fue libertad para la expresión popular, un
verdadero género cubano. Son imprescindibles conjuntos como el
Sexteto Habanero, el Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro y seres
inolvidables como Miguelito Cuní, Miguel Matamoros y su famoso trío,
Arsenio Rodríguez y Francisco Repilado (Compay Segundo), activo y
cosechando éxitos aún en la actualidad.
En
1951 Enrique Jorrín plasma el famoso Cha-cha-cha, género que hace
famosa a la orquesta Aragón. El Feeling, que alude a sentimiento, a
poesía, se expande con creadores de la talla de César Portillo de
la Luz, José Antonio Méndez, Elena Burke, Rosendo Ruiz (hijo) y
Frank Emilio, con sede predilecta en el singular callejón de
Hammel, en la Habana. En los '50 ya andaba dirigiendo su orquesta,
todo
personalidad
y genio autodidacta, uno de los emblemas de la música de la Mayor
de las Antillas, Benny Moré.
Los
'60 nacen con la Nueva Trova, ligada umbilicalmente a la trovatradicional
de inicios de siglo y con los aires y temas de la nueva época que
se abría al país. La Nueva Trova se convierte en referente para la
canción protesta latinoamericana, que desde entonces halla en La
Habana, y específicamente en la Casa de las Américas, sede
permanente de aliento y reunión. Intérpretes y compositores como
Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola, Sara
González y Vicente Feliú, inician
un movimiento que mantiene una gran vitalidad posterior y
continuidad con trovadores como Santiago Feliú, Carlos Varela,
Gerardo Alfonso, Raúl Torres, Polito Ibáñez, Ireno García y
otros.
La
Revolución trajo cambios en el panorama musical cubano. Géneros
que antes no tenían apoyo y existían precariamente como la música
sinfónica y los coros hallaron soporte material y social. En los
'60 surgen, por ley y con apoyo estatal, la Orquesta Sinfónica
Nacional, el Coro Nacional de Cuba y otras agrupaciones de este
corte como Exaudi, de renombre internacional, a la par de conjuntos
sinfónicos en varios puntos del país. En
el presente panorama musical de la isla no faltan el rock, la
balada, la canción, la trova, el rap, el género de cabaret
(Tropicana es reconocido en todo el orbe), experimentos exitosos
como el afro-rock que cultiva el prestigioso grupo Síntesis,
fenómenos singulares como Sampling (conjunto que hace música a
capella imitando instrumentos), concertistas como Jorge Luis Pratts
y su maestro Frank Fernández, uno de los más brillantes en la
arena internacional, o una rica historia de música para cine y
también para niños.
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