Durante
los siglos anteriores al XIX y específicamente en esa última
centuria, las artes plásticas en Cuba no tuvieron un desarrollo
notable, y siempre el arte oficial fue el academicista, en franca
contraposición a los intereses de muchos artistas nacionales. El
empeño personal, la falta de apoyo constitucional e incluso la
lucha contra los gobiernos de turno fue la nota característica de
la creación en la Isla. Esa batalla se inició en tiempos de la
Colonia con la fundación de la Escuela Gratuita de Dibujo y
Pintura, el 12 de enero de 1818, que en 1832 recibió el nombre
con el que quedó en la historia de las artes plásticas cubanas,
Escuela de San Alejandro, en honor a su creador, Alejandro Ramírez,
director de la Sociedad Económica de Amigos del País. Entre
los estudiantes de la Escuela de San Alejandro estuvieron figuras
como el Héroe Nacional, José Martí (matriculó Dibujo Elemental
en 1867); el comandante guerrillero de la Sierra Maestra Camilo
Cienfuegos, interesado en 1947, en aprender escultura, y destacadas
figuras de la pintura nacional como Wifredo Lam, Amelia Peláez, Víctor
Manuel García, René Portocarrero, Flora Fong, Manuel Mendive,
Rita Longa, Antonia Eiriz, Tomás Sánchez y Carmelo González.
Tras años de
adormecimiento, la pintura cubana renace en las primeras décadas
del siglo XX. En 1937, Eduardo Abela funda en San Alejandro el
Estudio Libre de Pintura y Escultura, una expresión del proceso
renovador que experimentó la cultura cubana desde la década del
20. En esos años,
la trayectoria de la gran mayoría de los artistas plásticos
cubanos incluyó constantes viajes a las capitales artísticas del
mundo como París y New York, en un periplo que les nutría de los
nuevos aires y la nueva técnica sin que perdieran la visión
raigal de la cubanía. Como toda expresión en Cuba, las artes plásticas
se nutren de una mezcla de fuerte nacionalismo con un cosmopolita
rasgo de asimilación de otras culturas y de la modernidad.
Al triunfo de la
Revolución, la misma campaña alfabetizadora y por la cultura que
promovió el gobierno fue un impulso en el terreno de las artes
visuales. Surge en 1961 la Escuela de Instructores de Arte. En
1962, la Escuela Nacional de Arte, y en 1976 el Instituto Superior
de Arte, complementados todos con la permanencia de la Escuela de
San Alejandro y numerosos centros de estudio y exposiciones a lo
largo del país, dando lugar a una verdadera explosión creativa
que queda patentizada en las generaciones de pintores posteriores
y tiene su cima en la heterogénea y activa generación de los '90
|