El
panteón de la Santería cubana es inmenso, más de 400 deidades
se ubican a la derecha de "Olofin" -el supremo hacedor
del universo- y constituyen la representación de los mejores
principios morales y afectivos, aunque algunos poseen defectos de
menor cuantía según el patrón de los humanos. Otros 200 orishas, francamente
malignos y negativos, se encuentran a la
izquierda del padre universal Yoruba.
Los orishas más
conocidos, identificados con las fuerzas naturales elementales o
fenómenos de la vida, son los siguientes:
Elegguá:
Orisha de los caminos y del destino de los hombres. Es el primero
de los cuatro guerreros (Elegguá. Oggún, Ochosi y Osun) y el
primero entre todos, pues Olofi le dio esa potestad. Protege el
hogar y es la personificación del azar. Forma pareja con Echu, el
que está presente en todas las desgracias. Ambos se complementan,
ya que no puede haber seguridad sin peligro, sosiego sin
inquietud. Elegguá lleva collar rojo y negro y Echu, blanco y
negro, lo mismo que sus atuendos, consistentes en chaquetilla,
pantalón y sombrero. en la mano empuñan el "Garabato",
una especie de gancho de madera de dos o tres pies de largo.
Oggún:
Uno de los más antiguos del panteón Yoruba. Dios de los
minerales y las
herramientas. Patrón de los herreros y herrero él mismo, domina
también los secretos del monte y sabe utilizarlos en
encantamientos. De gran fortaleza física, personifica al guerrero
por excelencia y al hombre irascible y violento. Sus hijos son los
ideales para el sacrificio de animales, pues Oggún es el dueño
del Kuanagdó (cuchillo). Se viste de mariwó (sayo de hojas de
palma) y con una cinta en la cabeza. Empuña un machete con el que
corta la maleza por donde transita. Sus collares son de cuentas
verdes y negras, y en ocasiones se suman las moradas.
Obatalá:
Deidad de la pureza y por ello dueño de todo lo blanco y de la
plata. Creador de la tierra, culminó la obra de Olofin al
terminar de formar la cabeza de los hombres, por lo que gobierna
sobre los pensamientos y los sueños. Es misericordioso y amante
de la paz y la armonía. Todos los demás orishas lo respetan y lo
buscan como abogado, pues la misión a él encomendada por Olofin
fue la de hacer el bien. Viste de blanco y su collar es del mismo
color. Sólo Ayáguna, un Obatalá joven, lleva una cinta roja
diagonal en el pecho, símbolo de cuando fue guerrero y limpió su
espada para abandonar la violencia.

Yemayá: Madre de la vida, es dueña
de las aguas y representa al mar (en las costas, pues las
profundidades del océano son de Olokun) fuente fundamental de la
vida en el planeta. Considerada madre de casi todos los orishas,
sus castigos son duros y su cólera terrible, aunque actúa con
justicia. su vestido señorial es de un azul intenso, igual que
las cuentas de su collar, donde se alternan con otras
transparentes.
Ochún:
Diosa del amor, la feminidad y del río, con el que simboliza la
purificación. Símbolo de la coquetería, la gracia y la
sensualidad femeninas. Acompaña a Yemayá y fue la que trajo a
los hombres el caracol (el primero que habló) para que los
orientara por medio del oráculo y lo utilizaran como moneda. Por
eso se dice que con ella viene la riqueza. Fiestera y alegre,
viste un lujoso atuendo amarillo, con seis pulseras doradas. Su
collar es también de cuentas amarillas y ámbar.
Changó:
Orisha del fuego, del rayo y del trueno; de la guerra; del baile,
la música y la belleza viril. Representa el mayor número de
virtudes e imperfecciones humanas: trabajador, valiente, buen
amigo, pero también mentiroso, mujeriego, pendenciero,
jactancioso y jugador. Gracias a un recurso secreto que le preparó
Osain, el dios de la vegetación, podía despedir lenguaradas de
fuego por la boca con lo que vencía a sus enemigos. De él se
cuentan tantas historias que podrían llenar un grueso tomo de
atractivas anécdotas. Usa camiseta holgada y pantalón hasta las
pantorrillas, todo blanco con ribetes y adornos de color rojo
intenso y en su collar se alternan ambos colores. Empuña siempre
un hacha doble.
Oyá:
Diosa de las centellas, los temporales y los vientos. Violenta e
impetuosa, ama la guerra y acompaña a Changó en sus batallas. Es
también la dueña del cementerio, en cuya puerta vive, cerca de
Obba y Yewá, las otras "muerteras". La distingue el
colorido de su saya, de nueve colores menos el negro, y el iruke
(especie de escobilla de fibras largas) que blande en su mano
derecha. El collar es de cuentas marrones con listas blancas y
otra negra más fina en el centro de éstas.
Orula:
Orisha de la adivinación y de la sabiduría. Rige el culto de Ifá,
el Benefactor, y es quien permite a éste comunicarse con los
humanos mediante los babalawos -los sacerdotes de la Ocha-,
quienes se apoyan en el Oráculo o Libro Sagrado. Como dueño de
la sabiduría, tiene la posibilidad de influir sobre el destino,
incluso el más adverso. También es considerado como gran médico
y cuenta para ello con el auxilio de Osain, el dios de la vegetación
y, por ende, de todos los remedios. Sus seguidores se distinguen
por llevar una manilla de cuentas verdes y amarillas.
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