Por
Deny Extremera
La
primera manifestación de arte teatral en Cuba fueron los areítos
-mezcla de poesía, música y danza con magia y religión-
practicados por los aborígenes; luego, el
habanero Santiago Pita y Borroto, que vivió entre los siglos XVII
y XVIII, es considerado el primer dramaturgo de la isla por su
obra El Príncipe Jardinero y Fingido Cloridano, comedia editada
en Sevilla en 1730 y 1733 .
Sin embargo, es
Francisco Covarrubias (1755-1850) a quien se atribuye el
nacimiento del teatro nacional, pues gracias a él comenzó a
hablarse "en cubano" en los escenarios de la isla; introdujo
el personaje del "negrito", que como el
"chino" y el "gallego" serían clásicos del
teatro vernáculo. Durante
el siglo XIX, las salas de teatro se hicieron abundantes en La
Habana, hasta convertirla en plaza frecuentada por artistas de
renombre; de esa época se recuerdan los teatros El Coliseo
(1775), el Circo de Martes (1800), el Diorama y el Tacón (1838).
En 1890, nace el
Teatro Alhambra, sólo para hombres, sede de subidos y eróticos
bufos y sainetes; por esos años hay una explosión de grandes
actores y se asegura que es el mejor momento de la crítica
mientras el teatro Martí tenía los mejores repartos de América. Ya la década
de 1940, sale a la luz "Electra Garrigó", de Virgilio
Piñera, considerado como la más alta figura de la dramaturgia
cubana del siglo XX y que sobresalió además en el cuento y la
poesía. En
los '50, aparecen en la palestra el director Vicente Revuelta y su
compañía Teatro Estudio, que pese a las estrecheces económicas
y la desatención oficial hizo época. No obstante, los signos y
los puntos de fuerza eran escasos y aislados, situación que cambió
con el triunfo de la Revolución; en el propio 1959, se funda el
Teatro Nacional, se auspician concursos y se brinda gran apoyo a
la dramaturgia local, que sólo entre ese año y 1961 estrena 124
títulos. Comienzan
a escucharse nombres como los de Abelardo Estorino (El robo del
cochino); José Brene (Santa Camila de la Habana Vieja); Héctor
Quintero (Contigo pan y cebolla); Antón Arrufat (El vivo al
pollo); Nicolás Dorr (Las pericas); Piñera (Aire frío) y Carlos
Felipe (Réquiem por Yarini), que, desde una posición crítica
ante el pasado, asumían una voluntad de experimentación en una
época en que el teatro se expandió a todo el país y surgió el
movimiento de aficionados en miles de lugares.
En la década del
'60, surge el Teatro Escambray, otro emprendimiento experimentador
que llevó el teatro a los campos, exploró nuevos temas, formas
de comunicación con el público, y ha aportado mucho a la escena
cubana hasta la actualidad, cuando aún pervive. Entre sus máximos
exponentes han estado figuras como el actor Sergio Corrieri
(Memorias del Subdesarrollo) y dramaturgos como Albio Paz (La Vitrina), Roberto Orihuela (Ramona) y Rafael González (La Paloma
Negra).
Desde entonces, y
hasta hoy, el Teatro cubano se ha caracterizado por un espíritu
profundamente reflexivo, de constante experimentación y búsqueda
conceptual, mirada crítica de los problemas nacionales, espacio
para el debate, todo apoyado en un público exigente y conocedor
formado en los años de Revolución, en los que también han
surgido innumerables escuelas de arte en todo el país, academias
de teatro, y se ha desarrollado el movimiento de aficionados.
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